02 septiembre 2009

Merecérselo.

Ludmila sigue dándome droga. Llego y me da droga, me voy y me da droga. Apenas estoy por mandarle un mensaje, una carta, un e-mail y ya me ofrece droga. Dróguese, me dice, dróguese que es bueno.
Ludmila es buena. Ludmila es buena como la droga que vive dándome. Mucho más buena que cualquier droga que pudiera darme.

Ayer Ludmila miraba por la ventana. Afuera garuaba apenas. Empezaba a clarear. Un día horrible, gris: gris de nube que llueve pero no, de tormenta pero no. Gris con viento, con viento de miles de kilómetros; con vientos que imposible caminar sin balancearse, sin oponer resistencia. Pero afuera.
Adentro estábamos bien. Estábamos con la estufa, con las colchas, con la taza de té y la CocaCola. Y con la droga. Adentro estábamos bien porque adentro estaba la droga.
Ludmila miraba por la ventana mientras yo practicaba para adentro cómo sacar el rollo de papeles que escondía en un bolsillo, cómo decirle, cómo mostrárselo. Yo no tengo droga para ofrecerle a Ludmila. No tengo ideas para ofrecerle a Ludmila. Pero tengo un buen plan. Tengo ganas. Tengo la certeza de que algo tengo para ofrecerle a Ludmila. Un rollito de papeles impresos.
Pero nunca los saqué, no, no me animé. Y Ludmila seguía mirando por la ventana. Y Ludmila odia que le digan Ludmila. Yo sólo le digo Ludmila porque sé que ella no me lee. Porque ese no es su nombre y porque esta no es su historia.

4 comentarios:

  1. El problema de Ludmila es que evidentemente está corriendo bajo Windows.

    A lo mejor tus ideas están codeadas en DOS o algo así, y entonces Ludmila no sería más que un error en tu SO, o a lo mejor estás ejecutando algo mal.

    Igual, que lindo equivocarse.

    Y ¿Quién te quita lo codeado?

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  2. Tengo un amigo que me dice LA DROGA. Lo juro.

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  3. No será su nombre y su historia, pero se le asemeja a una que conozco yo.

    Ludmila consume droga y te escribe.
    Ludmila consume droga y te lee.
    A Ludmila le gustaría leerte más;
    aunque no puede prometer
    que el tema de las drogas
    no continue siendo ofrendado.
    Aunque puede prometer que en esa ventana
    ya no se perderá
    buscando la muerte de una estrella, una nube gris, o la luna para su hijo.

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