09 septiembre 2009

María

Tengo ganas de abrazarte, de besarte los pies. De que te hagas chiquita, realmente chiquita y más chiquita todavía en mí. Tengo ganas de acariciarte la cabeza, acomodarte el pelo atrás de las orejas, despeinarte, de hacerte trencitas. Tengo ganas de jugar a la fila india y abrir las piernas para que te caigas arriba mío y te rías. De que me mires desde abajo toda despatarrada. Tengo ganas de que te bajes de un tren y me busques sin encontrarme, de esconderme yo atrás de una columna e ir corriendo a taparte los ojos. Tengo ganas de sentir cómo se va mezclando y sube, sube el miedo y la excitación, la alegría, el ¿serás? Tengo ganas de darte vuelta y destaparte entonces los ojos y sí, sí soy, y de llevarte algo, algo lindo, abajo del brazo, algo lindo sólo para vos. Ganas tengo de que te olvides. No que te olvides, que cambies tu foco. Ganas tengo de influir, ¿influiré?, ¿podré influir? en que estés bien.
Tengo ganas de verte bien.
Aunque no te conozca, aunque no sepa si sos grande, si sos o podrías hacerte chiquita en mí, aunque no sepa cómo es tu pelo, si podría o no trenzarlo; porque no sé si te gusta la fila india ni sé si te gusta el helado. Aunque no sepa de qué tren podrías bajarte y cuándo, aunque no confíe en poder influir del todo, aunque seguramente no, aunque pienses, ¿pensarás cualquier cosa? Aunque todo se malinterprete o no se interprete en absoluto, tengo ganas de quererte. Ganas de que estés, al menos hoy, bien.

2 comentarios:

  1. Fijate nomás, fijate nomás como el texto empezó con "quiero" y terminó con "tengo ganas".


    Por supuesto que fui a la casa pedraza, fui veces varias con Shane mi compañero de hostel, originario de Oregon, a acompañarlo a que él toque la guitarra como sólo él sabía hacerlo, yo obviamente me sentaba y escuchaba, porque intentar siquiera arrimarme a un bajo en un lugar donde se toca jazz hubiese sido una blasfemia.

    Había una banda que no sé si sigue existiendo allá por Buenos Aires que se llamaba "Masacre en el campamento hippie", si querés hacemos una que se llame "Matanza indiscriminada de hippies en la matanza" o de última una canción de estética jinglosa.

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  2. ¿Sabés? Acá no hay trenes.
    Me encantan los trenes, no me imagino una mejor forma de despedirse ni de encontrarse que no tenga un tren de por medio. Seguramente es por mi afición al cine que me gustan tanto, son peliculezcos.
    Influís, ya mismo. Me gusta de dulce de leche granizado y limón y siempre quise pero nunca pude hacerme una trenza cocida.

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