17 septiembre 2009

Chau Santo Tomé.

Tengo todavía el rechinar en los dientes. El apretarlos hasta descomponerlos, evaporarlos, pulverizarlos. Esa era la palabra: pulverizarlos. Tengo todavía el rechinar en los dientes. El apretarlos hasta pulverizarlos. Pero no, esperá, porque, a ver, mirá. Tengo todavía el rechinar en los dientes. El apretarlos hasta convertirlos en polvo, hasta hacerlos polvo, hasta que quedan, hasta que queden polvo. El apretarlos hasta dejarlos polvo.
Tengo todavía el rechinar en los dientes. El apretarlos hasta dejarlos polvo.
Mientras vos dormías en el colchón, tirada, ¿yo qué hacía? No, yo dormía en el colchón. Vos embalabas. Embalabas cajas y para adentro. ¿Para adentro qué pasaba? No voy a decirlo, no lo sé.
Mirá, mirá, mirá, ya sé. Tengo todavía el rechinar en los dientes, el mirarte embalar apretándolos, comiéndome la impotencia de no poder hacer más nada, de mordérmelos hasta dejarlos polvo.
No quiero ser condescendiente. Y quiero sí, dejar testimonio. ¿De qué? Volvemos, ¿para qué? ¿para quién todo esto? Para vos tenés cuadernos, tenés cuadernos de tapas negras, duras, forrados en cuero. ¿Cuadernos?

Cuadernos de Sailor Moon.
Antes: Antes que quede claro una cosa.
Mientras vos embalabas yo te quiero una inmensidad y no puedo decírtelo.
Vos embalabas libros, y con cada libro, cada letra de vos en una caja. Imágenes romanticistas no imbécil.

Mientras vos embalabas yo te quiero una inmensidad y no puedo decírtelo.
Mientras vos embalabas yo te quiero una inmensidad y no puedo decírtelo.
Mientras vos embalabas yo te quiero una inmensidad y no puedo decírtelo.
Mientras vos embalabas yo te quiero una inmensidad y no puedo decírtelo.
Mientras vos embalabas yo te quiero una inmensidad y no puedo decírtelo.


No creo que lo desconozcas. Lo sabés. Lo sabés bien.
Pero me atraganté con la impotencia.
Y tengo la boca toda llena de polvo.


3 comentarios:

  1. Uh. Eh. ¿Qué? ¿Qué pasó? ¿Entré en coma y me acabo de despertar?
    Sea lo que sea exijo una explicación y te mando buenas vibras con mucho calor, mucha Coca-Cola fría y mucho Violent Femmes a la máxima capacidad de volumen.
    Quererte.

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  2. Ah bueno, nos fuimos a la mierda, y nos tomamos un taxi de vuelta.

    En caso de que te agrade Luis Alberto, que linda canción La flor de Santo Tomé.

    En serio: a la mierda, con efecto boomerang.

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  3. Aunque la boca llena de polvo, sus dedos pueden escupir palabras -las cuales, a mi criterio, entrañan más música que la oralidad misma-;
    aunque su impotencia atragantada, la vomita en palabras.
    O vomita palabras, que es lo mismo o algo muy distinto.

    La embaladora cuantiosamente a usté la adora.
    La embaladora ya no embala.
    Ahora desencajeta.
    O desencaja.

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