01 septiembre 2009

Agujerito

Te bajabas de un micro y me venías a ver. No sé cómo ni cuándo pero llegabas. Comíamos alfajores y nos empastábamos los dedos con chocolate derretido. Mis abuelos daban vuelta por la casa. Mi cerebro daba vueltas por la casa. Yo te miraba de afuera comiendo alfajores.
Entonces algo pasaba, algo que todos se iban, que quedábamos solas. Que teníamos sueño, que nos lavábamos la cara. Y vos tenías ojos verdes, y vos nunca tenés los ojos verdes. A veces. Pero los tenías verdes y yo te miraba y mi mundo giraba alrededor del tuyo, crujía mi estómago, todo cuanto abajo hay crujía, se hinchaba, pedía a gritos. Te pedía a gritos.
Con la cara lavada nos fuimos a dormir la siesta. Yo te abrazaba y vos no, vos te hacías la que no, mirabas para allá sonriendo. Era mi cara en la tuya, ¿eras o no eras vos? Me volteabas contra la cama. Y después yo, y vos. Y el resto ya se sabe. El resto es el de siempre. El de siempre levantarse de golpe, de madrugada, casí ya de día transpirando, mojando la sábana, traspasando el colchón.

Era sueño, la puta madre, es siempre un sueño.

2 comentarios:

  1. Es un sueño pero el colchón sigue mojado, ¿No?
    ¿Ves con qué facilidad me voy a la mierda?
    Hoy dormí ¡Y vaya si dormí!
    Te quiero, te escribo y un beso en el cachete izquierdo. De la cara. Mi escoliosis hace que me duela si me agacho.

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  2. La insoportable guaymalleneidad del ser.

    Tomo I.

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