Iba a venir a decirme eso. Se iba a acercar lento, saludándome ya con la mirada desde la otra esquina, con esa mirada de pez en el agua, de pez muerto flotando en el agua, pescado. Con esa mirada de ojos corroídos, cerrados y marrones. Cuando llegara al lado mío iba a saludarme también con las manos, horribles manos de piel seca y cuajada, y con la boca, con esa boca y esos besos ruidosos llenos de saliva. Me iba a palmear la espalda. ¿Y por qué?
¿Por qué voy a quedarme ahí parada sin hacer nada cuando podría salir corriendo o partirle un banco, una mesa, mi propio cráneo en la espalda? ¿Por qué? Como cuando me levanto con tu abdomen aplastándome la nariz y no puedo hacer más nada que pensar que vas a venir a decirme eso y yo voy a estar pensando en otra cosa, en otro abdomen y en que ya no quiero verte.
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Cuando los olores atacan.
ResponderEliminarSaavedra, cada vez que me lo mencionas me acuerdo las noches de verano con Marcos, mi compañero de Perú con más balazos en la piel que cualquier otra persona que conozca, en el parque saavedra, enfrente enfrente de mi hostel y fumando porro.
Esas cosas si las extraño, muchas otras no.
Yo me pregunto si el pez que descansa en la derecha tendrá o no relación con el hombre cara de pez del relato, que casualmente me trae a la memoria a un personaje del cual alguna vez escuche alguna que otra historia.
ResponderEliminarUna vez me corrieron con un pez muerto, el ex de una de mis mejores amigas. No hay nada peor que un pez muerto (bah, para mí, un pájaro). Pero qué sé yo. Ay, ay, ay que no entiendo a mi cabeza ultimamente. Che, te leí, mañana respondo lo huro.
ResponderEliminar¿Cuál será esa alguna otra historia? Seguramente, aunque no sea exactamente, sí esté don cara de pez escondido bajo algún otro personaje. Siempre, bah, hay un gil cara de pescado escondido tras de alguien.
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