Entrada que nueva duele. Que vieja no; era costumbre.
Él entonces le llenó a ella la boca con su saliva. Ella entonces se quedó sin palabras.
Se las guardó adentro y las expulsó en orina. El orín era claro y ardía y ella se miraba con ojos cerrados las piernas; una gota enorme y espesa de semen cayó de su frente a su ombligo.
Ella entonces se quedó sin palabras.
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