Nada de malo en acostarme con ella ¿Qué podría haber de malo? ¿Qué en despertarme enredada en sus piernas? ¿Qué en la respiración cansada, dormida, de su piel bajo mis labios? ¿Qué si es con ella o es con aquella? ¿Qué si no es con ninguna y si sólo es conmigo? Que con los dedos pegajosos, dulces de limón y jengibre, de amargo café no me lavo más nunca las manos ni los pies del olor de su boca, de su saliva chorreando mis tobillos y mis muslos sujetos con sus dos manos, sus dedos largos y finos; firmes, tensos contraídos y la lengua áspera de gato punta de serpiente apenas finita en círculos por las piernas, rodillas, cadera, cintura, abdomen, la panza, las pierna, pecho y cuello, clavícula, boca, la oreja y bajás y no parás, y no llegás y me esquivás me mordés y las piernas tu saliva, me escupís y gotea tu boca la mía y me voy, me olvido que existen sábanas, que existe él, que somos tres, cinco, diez o yo sola porque si no es con vos ya no es con nadie y si no tus piernas las de quién y cuándo, dónde tus tetas, dónde mis dedos mis dientes y todo se va, se pierde y se ahoga en un grito.
Y no hay nada de malo.
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