16 marzo 2010

Tang.

Compré para hacer jugo de manzana.
Ah, entonces es eso, es el jugo de manzana.
No, no es el jugo de manzana. Es la concha de tu madre, la re contra re mil concha de tu madre.
Ah.
No, esperá, esperá un poco, ¿sabés que es? Que estás ahí parado, que me molestás, que sé que me mirás, que venís caminando, que tenés una pija horrible colgando entre las piernas, que no te movés agil, que no sos sutil, que no te lavás los dientes ni mirás para un costado. Que sos asqueroso. Que me molestás, que me invadís, que ¿qué hacés acá? ¿Qué hago yo? ¿Qué hago yo acá, dejándome hacer por vos? ¿Dejándome coger?

Y se le acaba la hoja, se le acaba el labio y los dientes y ya no sabe qué decir ni qué escribir ni qué mierda hacer y no le aguanta la fuerza en los dedos, se le caen de la mano los músculos, le tiemblan los pulmones, se queda sin filosofía, sin geografía; se queda sin topos, sin la estúpida erudición. Se queda sola, parada, mirando un árbol que tiene en frente, preguntándole al arbol por qué, en qué momento si hasta hace unos años, hasta unos meses. Se queda parada preguntándoselo al árbol. Piensa que la prosa parca, que tanta palabra para qué, si al final tampoco decís nada así. Si ella ya se fue, ni siquiera: nunca existió y vos la armás y desarmás con todas las novelitas rosas que leés, y se te cae la concha de mojada y te pesan las tetas que se quedaron sin lengua que las chupe, sin uñas, sin dedos que la rasguñen y el árbol está ahí, quieto y no sabe qué carajo decirte. ¿Qué te puede decir? Con esa cara de demente, de que estás ahí y ni vos sabés dónde queda ahí, cómo volverte, de dónde sacar un taxi a esta hora. Te revuela todo en la cabeza, todas las veces y las mil canciones, toda la parafernalia de las películas y ¿por qué te emperraste en ver películas de chica si vos sos hija de los libros? Los libros saben, tus libros saben, siempre; no terminan bien, todos se mueren, se cagan muriendo y el amor no existe. Existe mucho, existe, sí, y te cuela la sangre, la pasa por un tamiz hasta que te quedás amarilla y sin nada, vacía y sí, ponele que ahí sí existe, sólo ahí pero después se va. Dura diez, veinte, cinco y medio o dos meses pero existe el amor, sí, ahí. Y después se va. ¿Te quedaste con algo? No, un par de medias sucias, azules, con agujeros. Una remera que nunca lavé, un frasquito de tempera. Alguna otra boludez que no me acuerdo.

No fue el jugo de manzana.
Fue la re contra re mil concha de su madre.

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