Vino. Vino y cuando viene se da vuelta todo. Todo se da vuelta y tiembla y brilla y acogota y esa remera, el escote, el pelo, los rulos. La boca, la boca enorme, la sonrisa, los ojos, avispada y ¿si yo invento? ¿y si yo pienso pero en realidad no? Todo mi cabeza, capaz que sí, que es todo mi cabeza y nada más; nada de polleritas, nada, nunca nunca nada de glandes ni chupetines, la cerveza postergada, las tetitas; las tetas. Y yo que duermo y te sueño con la piel blanca, tu pecho, la línea del cuello al ombligo, las dos clavículas, el espejo en la espalda y no. No, no, capaz que sí, que sí es cierto, que no invento, que yo creo y será intuición será. ¿Será? Pero viene, viene y se da vuelta todo. Viene y todo se me cae encima. Todo. Viene y me tiembla el pecho, la voz, el cuerpo. Me tiemblan las piernas, se me van los ojos. Viene, viene y es todo ella y ella es todo.
Pero viene, viene y me mira. Viene y me toca. Viene y se va.
Y yo como una idiota mirándola irse.
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Sublimar, se llama eso. Lo seguimos en la próxima...
ResponderEliminarAna entra, Ana sale, pasaron pocos minutos y casi igual de rápido sale el texto (pero qué importa el texto; tu reino por una pared). Me gustaría tomarla a usté de secretaria. Lástima que mis tareas no ameriten, por ahora, una secretaria.
¿ y con qué me cubro las flacas rodillas?