28 diciembre 2009

De cómo la Literatura Norteamericana

Se sienta ella y escribe: De cómo la Literatura Norteamericana. Pone Literatura en mayúscula, ¿una eminencia? No. Norteamericana. Un adjetivo, ¿otra eminencia? No, el conjunto. ¿Pero entonces qué? ¿La literatura norteamericana qué?
Iba a poner: De cómo la Literatura Norteamericana me arruinó la vida. Le arruinó la vida, porque ella prefiere siempre ir de tercera. Pero no sé, porque se ve que no me la arruinó (le). ¿Y qué te va a arruinar si nunca empezaste nada? Claro, no te empezó la vida chiquita, y hasta que no hagas algo no te va a empezar.
¿Entonces me voy a Méjico? ¿A Puerto Rico? ¿A tomar ron? Ron. Prefiero, claro. Una verdadera eminencia. Con palmeras, y camisas floreadas, y playas donde correr desnuda, y autos descapotables amarillos, y departamentos sobre garajes, y policías, y turistas roñosos, y avionetas y barcos y carnavales, y calor, mucho calor y sudor en la espalda. El bar de Al, hamburguesas y Ron, hamburguesas con queso, grasa y Ron. Más caro el hielo que el Ron. Tres cubitos perfectos que caen en el vaso y tintinean, uno encima del otro. Que se descongelan, crac crac, al caer la bebida tibia, del pico al vaso. De la botella al vaso. Del vaso a la boca. Los labios queman, arde el pecho. Un segundo, un microsegundo y la palmera. La playa, la arena blanca, el mar que sólo viste en fotos. La sombra de un árbol y un coco; Ron. Una bikini blanca, el pelo suelto y largo; Ron.

De cómo la Literatura Norteamericana, y Gonzo, le dan ganas de irse a Puerto Rico.

1 comentario: