27 noviembre 2009

Sur.

¿Qué le pasa a ella por la cabeza cuando furiosa busca recortes de diarios metidos adentro de un libro?
a) Tom Waits, te juro que lo dejé acá, sí, acá, ¿dónde estás?
b) Tiempo, si gasto más tiempo no me voy a dar cuenta cuando pase y entonces él va a llegar, yo me voy a amargar pero voy a tener un porqué. O no, capaz que llega y no me amargo, capaz que llega y me trae una torta de chocolate, un disco de Tom Waits y una cerveza helada. Aunque basta, basta de tomar cerveza que el abdomen, abdomen bonito, dónde quedo pero panza llena corazón contento.
O c) -.
Igual no importa. Nunca le fue bien en los múltipel chois.
Corría el año 1922. Ella decía que no por teléfono. La historia, como sigue: El día que ella rechazó por teléfono, dijo que no por teléfono y se le erizaba la piel de la impotencia y de las ganas de decir que sí, que sí, qué cómo no iba a ser, qué como de otra manera sino de esta, de aquella, de la que no fue y le respingaba la nariz, se sacudían sus manos pero decía, igual decía que no. ¿Por qué? No sabe. Y ahora furiosa busca adentro de un libro la respuesta. Pero el recorte de Tom Waits no va a darle la respuesta. Probablemente Pynchon tampoco. Di Benedetto responde siempre, siempre responde pero uno no sabe todavía bien a qué cosa. ¿Sabés entonces que va a pasar? Que te vas a ir al sur a querer estar sola y no vas a poder. Que te vas a ir al sur a querer ahogarte en un lago y no vas a poder. Va a pasar que ¿finalmente ira ella a subirse a ese tren, a ese tren sola a esperar que no llegue nunca? Entérese de esto y mucho más en el próximo capítulo.
Pero su vida ya no tiene capítulos. Ella, a pesar de todo, es un melodrama inmenso. Pasa, además, que escribe inmenso e inmenso tiene una fuerza, tiene un plantarse erecta sobre el papel y dar presencia, constancia, de su inmensidad. Pero inmensidad no, los sufijos te arruinan bonita, te feminizan y no sos, no sos como vos que sos inmenso y erecto, plantao´ y peludo.
Mirándola a los ojos verdes, ojos de agua verde y transparente, le cuenta anécdotas de años, de meses atrás y de tiempos que no existen. Inventa anécdotas de pumas y loros, y no sabe en realidad lo que dice. Sus ojos verdes tampoco. Y Su Gran Inmenso sale siempre a flote y ¿sabés que él compra siempre cajitas de fósforos? Y a mí me excita, me calienta. Y sacar ese fósforo de la caja encendido fue como acabarte y chorrearte la boca. Y siempre ella escribe sexo, siempre dice limpia y acuosa la palabra semen. Le encanta la palabra semen, le fascina, como inmenso y barbitúricos, como alfalfa pero no; alfalfa le da risa y es patética. Como clavícula, como abdomen. Dinero, Impecable, Asunto y Sujeto. Madre, no mamá. Basurita, no basura.
Entonces ella se da cuenta de que busca adentro de ese libro hace horas y no era adentro de ese libro donde tenía que buscar. Piensa que no es dentro, es adentro, y explota en ella el castellano. Castellano no le gusta, la ll no le gusta, excepto en rodilla, excepto en nudillos quebrándose contra una pared. Excepto en llanura, en llano. En llanto no.
Dan entonces las tantas horas y siempre a su cabeza vuelve él. Un día le regaló un vaso de vodka y ahora no sabe dónde lo dejó. Un vaso de vodka, un vodka con hielo y siempre siempre con la misma historia. ¿No te aburriste?
No.
Entonces pensá que es así o asá, a menos que prefieras quedarte en la inconstancia. En la inconstancia, mi vida, dónde más quisieras vivir. Mi vida, mi vida le decía él, y le sonreía. No, no le gusta él, no, le da asco, no. Él le decía amor, pero hace muchos años, hoy ya nadie sabe si se aman. Si se miran a la mañana y ¿se aman?
Sí.
Aunque ella preferiría no hacerlo.
Pero ella se da cuenta y cambia de libro, cambia de mano y encuentra el recorte adentro del libro que era. Música de cañerías, adentro de En el camino. Y ella es tan obvia y su intertexto tan evidente. Pero tan que no le interesa o si, le interesa que se le derrite el seso atrás de los dedos y se le manchan las orejas de pus. Hoy, igual, ella sabe que se va a mojar cuando alga. Sabe que no le va a importar porque se va al sur.
Porque se va a querer estar sola. Porque se va a quererse ahogar en un lago.
Porque capaz nunca más vuelva.
Aunque probablemente sí, probablemente vuelva con un recorte de diario a meterlo adentro de un libro.

5 comentarios:

  1. Dichoso aquel que busca un recorte y no una foto!

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  2. de qué te rehabilitaste? fuiste a ADA? (Adictos al Diccionario Anónimos)

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  3. Y traiga usté un recorte, que dentro de Música de cañerías deberá guardarlo.
    Porque Música de cañerías la aguarda, acá.
    Junto a ésta (¿o a esto?). Juntos aguardan su retorno.
    Juntos aguardan que ella vuelva, luego de ahogarse ella en el lago, luego de ella disyuntivas, luego de ella meditaciones ¿meditaciones? no, luego de ella raciocinios, ella pensares, ella meditares.
    Y así, haciendo correr al tiempo aún más veloz, leyendo y releyendo a Carlos, leyendo y releyendo las muertes de los padres que Carlos le cuenta a ella al oído, susurrando, escupiendo palabras obscenas (¿y si él le susurrase un francés burdo al oído? Ésta se mojaría, claramente). Así espera. Aguarda. Aguarda por el retorno de su otra ella, que, junto a su otro él (aquel que se europeizó una vez más) la fragmentaron, y se llevaron algunas de sus partes; algunas al Nahuel Huapí, algunas a Tarragona.
    Y ella, fragmentada y junto a Bukowsky, la esperan a ella. A su retorno.
    A ella y a su sonrisa, que espera le diga: "entendí todo".

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  4. PD: La palabra de verificación para el posteo, exclamaba: huNERV.
    PROSAICO el blog.

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