17 noviembre 2009

Sandman

Ella se para y escribe: me gusta este hombre, ese, el de la foto.
Pero está muerto, murió hace años, murió en 1999, hace diez años, no exactamente pero hace diez. Pero a mí me gusta, a mí me encanta, me gusta ese hombre, ese, el de la foto.
Ella igual sabe que le gusta porque le hace acordar, porque no es él sino el otro quien verdaderamente le gusta. Un hombre triste, un hombre de arena triste y muerto.
Ella sabe que no fueron los barbitúricos; a ella le encanta la palabra barbitúricos.
Le encanta Burroughs, le encanta ese librito azul, Queer, que él, un hombre de arena triste, le dio una vez para que lea. Le encanta el sonido de su voz al dárselo. Queer, la pronunciación exacta.
Ella sabe que el hombre de la foto está triste y muerto. Y sabe que el que va detrás lo está también; salvo que vive, que camina y huele a gastado y a ajeno, a prestado y sucio.
A ella le encanta el hombre de la foto.
Y más el muerto que vivo le invita cervezas.

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